viernes, 3 de agosto de 2012

Cafecito

Hoy fui a tomarme una bebida sobrevalorada libre de café excesivamente dulce.

Traducción: me tomé un smoothie de frambuesa en Starbucks con una de mis amigas de la infancia.

Me gustó tanto verla, que por momentos olvidaba que teníamos años sin hablar. Me enteré que su carro, en vez de gasolina, utiliza sufrimiento de gatito, que está buscando un nuevo trabajo y que también se enfermó más o menos en la misma fecha que yo. Se rió cuando lo que dije pareció como un "Tienes manos de hombre" y aprovechó para decirme que no fuera tan susceptible. Hablamos de todo y de nada, como normalmente es con ella.

No sé si nuestra conexión nunca murió o si simplemente ella está más deseosa de compañía, pero me aceptó sin chistar cualquier actividad que entrara dentro de sus horarios. Lástima que le tuve que cancelar las películas en su casa para mañana...

Vaya que disfruté estas micro-vacaciones en mi cueva. Han sido buenos días. Al contrario que otras ocasiones, lamento que tengan que terminar tan pronto. Me gustaría escuchar un poco más el sufrimiento de esos gatitos cuando salgo con ella.

jueves, 2 de agosto de 2012

Gatito

Gatito, gatito, gatito... pst, pst, pst...
¿Qué haces ahí?


El gatito se está lamiendo sus heridas en su cueva

miércoles, 25 de julio de 2012

Frío

Dicen que el frío es la ausencia de calor... 
Yo creo que el frío es más bien el calor retenido, escondido... El calor reprimido que no se puede permitir que ande libre. El calor indeseado.

jueves, 19 de julio de 2012

Hormonas

Odio los cambios de humor tan repentinos... justamente hace unos días (tres días para ser exactos) me sentía tan bien conmigo misma, tan feliz...
Hace tres días estaba incluso pensando en que no me importaría que mi pareja me quisiera ser infiel, que quisiera tener sexo con otras personas, porque eso no me podría afectar. Yo estaba feliz, yo estaba completa y no necesitaba a nadie más.

Pero una luz se apagó. Una luz que ni siquiera sabía que estaba ahí.
Me equivoco... Sí sabía que estaba ahí, pero había minimizado su importancia. Había dado por hecho el regalo que me hacía con alumbrar mi cuarto y darle esa temperatura tan agradable, que me permitía estar "a gusto".
Al final, la luz se apagó y con eso me di cuenta de lo importante que era. Mi cuarto llegó a menos de la mitad de su iluminación anterior. No sé qué hacer ahora... ¿de dónde voy a sacar la fuente de luz necesaria para regresar a mis niveles basales?
Obviamente, tiene que salir de mí y de nadie más. Que sea una llama que me pueda asegurar que nunca se va a apagar. Pero no sé como encenderla.


No me siento a gusto con las amistades, no quiero esas amistades. No me pidan cosas que no puedo cumplir. No me pidan imposibles. No me pidan que me eche ácido en los ojos y que sonría al mismo tiempo. No puedo hacerlo.

Odio esto.

viernes, 18 de mayo de 2012

¿Lo mejor?

Que difícil es reunir el valor suficiente para hacer lo correcto.
Esas palabras salieron de mi boca por obligación, porque estoy casi convencida de que es lo mejor.
Casi.


Te extraño.

martes, 8 de mayo de 2012

Lechuga

Mírame nada más... 4:08 a.m.
Hurgando entre conversaciones de hace más de medio año. Intentando dilucidar qué fue lo que pasó. ¿En qué me equivoqué?
¿Cuál de todas esas Ivonnes que veo en las frases sin-sentido soy yo? ¿Dónde acaba la verdad? ¿Dónde empieza la actuación? ¿Dónde termina mi máscara y empieza mi cara?

Que mal que no te haya gustado mi cara. Creo que seguiré entonces con la máscara puesta.

Demonios, estoy loca. Estoy más loca que una lechuga. Y mira que las lechugas están MUY locas.

lunes, 7 de mayo de 2012

Gotitas...

Todo estaba bajo control.
O eso creía yo.

Creía tener mis emociones bajo control, creía que podría manejar la situación. Tenía el vaso hasta el borde de agua, pero lo tenía en un equilibrio lo suficientemente estable como para no derramar ni una sola gota.

O eso creía yo.

Pero, sin aviso alguno, hubo una pequeña sacudida. ¿De dónde vino? Mis propias manos temblaron. Fue un temblor que no pude controlar. Mis propias manos sacudieron mi adorado vaso.
Esperé un tono, dos tonos... Interrupción. Una voz amable diciéndome que no iba a alcanzar mi objetivo.

Veía con estupor como se sacudía mi vaso. Una gota se perfiló en la orilla, amenazante.
Cuando la primera gota, la desafiante, se atrevió a bajar por el vaso, las otras la siguieron.

Gotas, gotas por aquí y por allá.
Gotas pequeñas y grandotas.
Gotas que arden al contacto con la piel.
Gotas que no puedo detener.

No puedo ver más.